La escuela abierta: un sueño

Ahora que la web 2.0 me ha devuelto al foro común, he vuelto a engancharme a opiniones y artículos en torno a la educación. De nuevo descubro que no soy la única, que más gente comparte mis preocupaciones, que aquellas opiniones que me guardaba por no ver las caras de espanto de los colegas, no son elucubraciones propias de una mente calenturienta estresada por los junios acumulados, sino que tal vez tengan sentido y no sea la única que lo cree. Gracias Internet!, el mundo es grande.

Siempre he pensado que la escuela en general y la educación masificada no eran sino un mal menor, una chapuza, un parche para poder acercar la educación sin grandes costes a las masas, pero mi mente siempre se iba hacia aquella viñeta del genial Quino:

Quino

La educación controlada al milímetro, que para eso están los expertos, no vaya a ser que un niño de 6 años se interese por la astronomía, o uno de diez quiera saber más de los fenómenos físicos. Sobre todo no permitáis que los niños pregunten ¿por qué?…

Y no es tan antiguo, no es propio de otros tiempos o de “los otros”, no es una opción política diferente, es más bien una cuestión logística, mas niños implica menos libertad, más control supone menos autonomía, más orden, menos curiosidad…

Sé que resultaría económicamente inviable, o tal vez no, legalmente complicado, seguro, y más en España, y socialmente inadmisible ¡hasta ahí podíamos llegar! Está claro, esto no es un proyecto sino un sueño, pero ¿por qué no plantearlo?

Partimos de un espacio diferente, creo que uno de los fallos de la escuela actual es la separación por edades, cursos, etc. Los niños sólo se mezclan con sus iguales y sólo ven otros niños de su misma edad peleándose con las mismas lecciones que ellos. Así pues la primera diferencia sería esta: aulas únicas, distinguidas tal vez por asignaturas (aunque no estrictamente como las conocemos) más bien por campos del conocimiento, pero no por nivel o por edad. Cualquiera que quisiera saber de geografía entraría en el aula X, con mapas más o menos complejos, bolas del mundo, libros, ordenadores… con otros alumnos, chicos ma350px-Expedition_Cabeza_de_Vaca_Karteyores que estudian lugares lejanos y me aconsejan un atlas concreto para resolver mi duda; niños más pequeños que me preguntan ¡a mí! que dónde está África en el mapa grande de la pared del fondo, un grupo trazando en Google Earth la ruta de la expedición de Cabeza de Vaca en la búsqueda de La Florida, profesores que pasean de un grupo a otro asesorando, animando, completando…

La tecnología actual nos permite tener en cualquier lugar del mundo la biblioteca universal más completa que el hombre ha conocido: libros, películas, información actual y en directo, opiniones nuevas y viejas, visitas virtuales a los mejores museos del mundo, virtualización de experimentos físicos, recreación y modelación de proyectos arquitectónicos y de ingeniería…

En cualquiera de las aulas podría haber niños y personas de cualquier edad, adultos buscando una información concreta, jóvenes preparando un trabajo universitario…

Durante unos meses de mi vida tuve la gran suerte de participar en un aula común en mi barrio. La verdad es que, aunque yo era muy pequeña, tengo gran cantidad de recuerdos de aquellos días y algunos muy marcados. Ya de mayor, por curiosidad personal y por mi dedicación profesional, investigué un poco y descubrí que sólo fue un problema momentáneo: barrio nuevo y populoso sin suficientes plazas en los colegios “normales” para todos los niños que llegaron por lo que las autoridades permitieron a un grupo de profesores que nos “recogieran” en unos locales comerciales y nos fueran enseñando lo que pudieran en lo que se terminaban las obras de los nuevos colegios.

Compartir la clase con chicos mayores (chicos y chicas en una época en la que no era lo común) fue para mí todo un descubrimiento.  Aún recuerdo al Señor Germán (que a lo mejor tenía veintipocos años…) explicando unos problemas decuadernillos-_rubio-infocif quebrados a los mayores mientras yo esperaba en la fila para que corrigiese mis sumas y su sonrisa cuando le pregunté si yo podía hacer eso… -Primero tendrás que aprender a multiplicar. – Vale, enséñeme! y lo hizo. Ya, con trampa, me enseñó un truco para hacer las cuentas mirando la tabla que venía en la contraportada de un cuaderno de Rubio. Me tuvo entretenida toda la mañana, y a otra niña mayor revisando mis cuentas y me hizo feliz, y me sentí orgullosa, y la compañera que me ayudaba salió gritándole a su madre: mamá, mamá, hoy me han puesto de maestra!

Quiero eso para mis alumnos, quiero que puedan sentirse útiles enseñando a los pequeños, que sepan que lo que aprenden hoy sirve para saber eso tan complicado que hacen los mayores, que todos tengan siempre alguien mejor a quien preguntar y alguien que sepa menos a quien enseñar, que ninguno pueda sentirse el último de la clase y que nunca nadie le diga a un niño ante su curiosidad, eso no es de tu curso.

Ya lo sé, un sueño, pero soñar todavía es gratis.

 

 

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Profe de Mates
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